MISCELÁNEA GEMA RUPÉREZ Y SUS EXPERIMENTOS SOBRE LOS SENTIDOS Y EL DESEO

Lenguaje del objeto  desubicado

Alejandro Ratia




El trabajo de análisis saca de su contexto a los objetos. Los lleva al laboratorio. Este exilio de donde  proceden los traslada a otro lugar, que es el del sentido. Suele decirse que, fuera de sitio, las cosas se desnaturalizan. Su ser parece incompatible con su valor como significantes, porque es al extirparlas de su emplazamiento, cuando la falta de lógica las hace visibles y provocadoras. Pierden su condición, que carece de voluntad comunicativa, como carece de ella quien se queda en casa, y pasan a ser materia de discurso a su pesar, como elementos desahuciados.


En un arte que maneja objetos, el interés crece en la medida en que es mayor la injusticia que supone su desahucio, en la medida en que el objeto aporta, como valor añadido, su queja por estar allí, en la sala de exposiciones. Un caso extremo de esta objetualidad protestona e incómoda (altamente expresiva, por lo tanto) es el de los materiales comestibles. Es buen ejemplo la pared pegajosa que Gema Rupérez ha levantado con ladrillos de caramelo, y que se muestra  en la Sala Juana Francés, en la exposición  titulada 'Sobre la superficie'.


Mirándola bien (mirándola por detrás), vemos que esta pared no es sólo  pegajosa,  sino también, una pared de pega, con dos soportes que hacen de ella un elemento de atrezzo. Un muro comestible y un muro con el que podemos viajar parece, más que defensa, un recuerdo traumático, memoria de un mundo de cuentos infantiles (Hansel y Gretel) y promesas de placer que se revelan repulsivas. Frente a la construcción de caramelo vemos, curiosamente, una pieza donde  la referencia a la literatura infantil es mas directa, 'Polishing lies', 'Puliendo mentiras', donde se somete a la nariz (muy masculina) de  Pinocho a la penitencia  de la lija. En ambas obras plantean un pequeño teatro de la crueldad, donde  lo erótico se expresa de forma entre cruda y críptica, tal como sucede en la infancia.


La prisión a la que se somete la artista, encerrada en una caja de cartón, en la videoinstalación que se titula 'De lado a lado', nos recuerda también  las fobias primarias, el mundo  de Alicia, por e ejemplo. En un momento dado, en el video, lo que parece es que su protagonista esté  encerrada dentro de sí misma, como un genio en su botella. Gema Rupérez nos  habla, como ha hecho en otras ocasiones, de la condición femenina, a la que se alude de un modo alegórico. La mano de la mujer parece que ande siempre acariciando el lomo de la alegoría, sea ésta el casto Unicornio o el lascivo Cisne. Los peligros del deseo y del lenguaje, los riesgos de salir  de casa  (al  bosque de símbolos)  o de darse al amor se expresan bien en la pieza que se titula  ‘Acopio’, con un pañuelo indeciso y con  esas  manos que ofrecen un peligroso cargamento de alfileres.


«La verdad  es incompatible: tanto  con  el discurso separado como  con la separación de los discursos; tanto con la tarea (abstracta) del arte, como con la tarea (igualmente abstracta) de la ciencia, tanto con el mero equívoco como con la exactitud vacía», escribió Víctor Gómez Pin. La nueva exposición de Gema Rupérez tiene algo de arte de laboratorio, cada pieza, cada instalación funciona como un experimento. Se toma cierta distancia  respecto  a la subjetividad. Distancia frente a los vicios del arte. El asunto del que trata 'Sobre la superficie' es, posiblemente, lo que se esconde bajo la misma, lo que se esconde a los sentidos, y por ello procede a analizarlos. La pieza primera es un cuaderno de cristal, una herramienta (algo vertiginosa) del conocimiento.



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