Una obra en busca de empatía

Emma Brasó




Gema Rupérez ha investigado a lo largo de su carrera el medio pictórico y la bidimensionalidad. Sin embargo, recientemente ha encontrado un lenguaje propio en la instalación y en la consecuente apropiación del espacio. Sus obras tridimensionales se apoyan en la simbología de los materiales y en la elección de un número limitado de elementos de cuya yuxtaposición nace el significado. Rupérez busca en cada trabajo la implicación emocional del espectador gracias al uso de los títulos, a la sorpresa que produce la mezcla de ciertos objetos reconocibles y a la inquietud que generan sus resultados.


En Amor de un solo sentido, una butaca aparece dispuesta sobre un gran almohadón blanco. Alrededor del asiento, sobre una vía que lo circunda, corre un tren de juguete que lleva incrustada en una de sus chimeneas el extremo curvo de un sacacorchos. Las bien equilibradas proporciones del conjunto y el contraste entre el estático sillón y el incesante movimiento del tren atraen la atención del espectador. La melancolía o la sensación de impotencia llegan después, cuando uno comprende el viaje sin fin y sin posible correspondencia que la obra ha emprendido. Una vez más, se trata de objetos capaces de evocar emociones humanas y en los cuales proyectamos vivencias y experiencias por las cuales difícilmente han podido pasar. Rupérez logra así activar nuestra propensión a animar y otorgar sentimientos a las cosas inanimadas que nos rodean.


En Tierra, la transferencia de empatía desde el espectador a la obra es algo distinta: las piernas realizadas en escayola nos ayudan a interpretar el conjunto de forma literal. Al igual que el sillón en medio del gran almohadón, las extremidades están separadas de nosotros y aisladas en el centro de un círculo de tierra. Pero aquí es posible imaginar que alguien se encuentra exactamente allí: bien podría ser que esa persona creció de la tierra y que sus pies ocultos funcionan como raíces o bien que se encuentra deslizándose hacia el interior de un agujero sin fondo. En cualquiera de los casos, se trata de añadir a nuestro innato animismo un toque de imaginación. 



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