textos / textsmenu_textos.html
contactocontacto.html
biografía / biographybiografia.html
publicaciones y prensa / publications and presspublicaciones_y_prensa.html
gema rupérezOBRA.html
 

SOBRE LA SUPERFICIE


Exposición individual. Sala Juana Francés

30/10/12 - 07/12/2012




Reflexiones marginales sobre la superficie y la profundidad

(Hoja de sala) ver texto completo >>


Empecemos entonces por los márgenes.

Se trata precisamente de una obra que se titula “Al margen”. Su apariencia es muy elemental: varios vidrios superpuestos, con líneas horizontales y verticales trazadas sobre ellos, que evocan la idea de la hoja de un cuaderno de escritura. Su margen rojo, rotundo en su verticalidad, atravesando limpiamente la horizontalidad de los negros renglones, parece que diera también su título a la obra: “Al margen”. ¿De qué trata esta obra? ¿De qué se ocupa la artista en ella? ¿Se trata de una alegoría de la escritura?

Una de sus instalaciones está dibujada sobre la pared y parece que nos habla. Se titula “Evocándote”. De hecho está articulada, trazada sobre la pared, como una especie de escritura. Pero en esta escritura los renglones no son horizontales y paralelos, sino que trazan una espiral de texto alrededor de una oreja de bronce. No se trata de palabras escritas y tampoco de figuras dibujadas, sino de meras letras: una a mayúscula dibujada repetidamente en espiral alrededor de una oreja. Parece que nos dice claramente: quiero que me escuches, ¿Pero cómo puede escuchar una oreja de bronce? Y aún más: ¿cómo puede una oreja contemplar un dibujo?

Y, en cualquier caso, si “Evocándote” aparece presidida por la figura del oído, la instalación que se titula “Acopio” debe sin duda ser pensada como una alegoría del tacto. En este caso también la instalación está constituida por dos elementos yuxtapuestos sobre la pared: un pañuelo bordado, clavado sobre la pared, colgando de uno de sus picos; y unas manos de escayola que brotan de la pared, configurando enlazadas una especie de recipiente, que contiene en su interior un montón de alfileres. Si en aquella instalación el elemento figurativo dominante, el elemento humano a partir del que empezábamos a interpretar la pieza, era el oído, en esta otra se trata de las manos. Las manos llenas de alfileres sugieren de inmediato el contraste entre la imagen de algo acogedor y algo agresivo. Las manos acogen, los alfileres se clavan. La referencia al tacto es indudable.

Sobre el tema del tacto giran también las otras piezas de la exposición Sticky wall y Polishing lies.

Aunque aparentemente Sticky wall, una pared construida con adoquines de caramelo podría hacer alusión al sentido del gusto (convirtiendo a su vez esta pieza en una alegoría del gusto), sin embargo en ella el elemento dominante sigue siendo la contraposición entre lo atractivo de los caramelos y lo repulsivo —no repugnante, sino repelente— del muro. El propio título de la pieza (muro pegajoso) parece aludir a esta doble ambigüedad entre una cosa que defiende y protege, como un muro, pero que también resulta atractiva y pegajosa. Lo pegajoso de estos caramelos vuelve a remitir toda la pieza al sentido del tacto.

Por su parte también Polishing lies podría parecernos una ulterior alegoría del olfato. Pues sin duda en ella el elemento simbólico dominante es una nariz arrastrada por un papel de lija. Lo que haría de toda esta exposición finalmente una especie de alegoría de los sentidos, al estilo de las alegorías renacentistas. Sin embargo una vez más es el elemento táctil el que domina la pieza. Aquí la nariz que se arrastra sobre el papel de lija es la de Pinocho, el niño de madera al que le crecía la nariz cuando mentía.

Alcanzamos así poco a poco, empezando por los márgenes, el fondo de la exposición o mejor dicho, el suelo, pues ahora se trata de una instalación sobre suelo. La pieza consiste en una alfombra de camisas blancas de caballero. Las camisas aparecen dobladas, planchadas e impolutas. Sin embargo, sobre el hueco de sus cuellos, la artista ha depositado diferentes montoncitos de carbón, que conforman el cuerpo material de estas formas blancas: su fondo mineral. 

Las camisas blancas aparecen aquí como un evidente signo masculino, y su disposición —perfectamente alineadas— como imagen de un cierto orden social. La artista dice que las camisas se presentan como símbolo de jerarquía o autoridad patriarcal. Es posible que, mediante ellas, se quiera significar el orden de dominación masculina o incluso la uniformización social que esta impone. No está exenta esta obra por tanto de una cierta perspectiva feminista que sugiere un orden social uniformizado, del que muy pocos consiguen escapar.

De hecho, la perspectiva feminista y la visión social comprometida son muy importantes para la artista, y están también muy presentes en su trabajo. Una de sus exposiciones más recientes, la realizada en la Galería Kiosko de Santa Cruz de Bolivia, en septiembre de 2012 tocaba explícitamente este compromiso, a través de una bellísima instalación hecha con un pasillo de trenzas de cable de acero, que aludía a las trenzas de las indias bolivianas y a la doble relación de identidad y sumisión, colonial y patriarcal, que esta figura de la trenza manifiesta. Además, la instalación titulada “Favilas”, así como el resto de esta exposición, debe ser explícitamente entendida dentro de los actos organizados en el mes en que se celebra el día de la violencia de género, como un acto de duelo y de repulsa por las mujeres violadas, violentadas, maltratadas y asesinadas por un orden social injusto, violento y autoritario, como el orden patriarcal.

Hay ciertamente en la instalación “Favilas” un discreto componente simbólico religioso, acentuado por el hecho de que dos de esas camisas no se ven invadidas por el carbón. Dos de los huecos o de los vacíos generados por el cuello de las camisas quedan deliberadamente vacíos. Como si fuese posible mantener una cierta pureza o como si algo de lo que hacemos no fuese del todo mortal. Tal parece que sea el trabajo del arte: resistir a lo perecedero, sobrevivir a las cenizas.

El fondo entonces al que aquí llegamos no es otro finalmente que la muerte. No hay otro fondo. Pero frente a este fondo todo lo demás aparenta vano y superficial (vanitas). Frente a la muerte la vida misma no es más que un juego de formas y de meras superficies. De ahí la importancia de las formas, aunque estén vacías, y de las superficies. Pues ellas son en realidad las formas mismas de la vida.

Nuestra reflexión sobre la superficie nos ha llevado así a la conclusión de que la superficie es también lo más profundo. Porque en realidad toda reflexión, incluso la más profunda, se nos da bajo la forma de un reflejo. Y el reflejo se da siempre sobre una superficie.

Ello nos permite entonces volver a aquella pieza inicial, puramente marginal y aparentemente superficial que se titulaba “Al margen”. Que era una pieza de apariencia superficial, lo evidenciaba claramente su propio juego con las superficies.  Pero que estaba dotada de una extraña profundidad era algo que su propia apariencia nos ocultaba. Pues no sólo es una pieza engañosa, dotada de profundidad, cuando aparentemente nos muestra una sola superficie; sino que es también en esta pieza donde se reflexiona específicamente sobre el tema general de esta exposición: “sobre la superficie”.



Miguel Cereceda,

Teórico y Crítico de Arte.




AL MARGEN

2011

Vidreos y tinta

22x17 cm



POLISHING LIES

2012

Madera y papel lija

50x140x30 cm



FAVILAS

2012

Camisas intervenidas y carbón

Medidas variables



DE LADO A LADO

2012

Video-instalación

Medidas variables



LLENA Y VACÍA

2011

Cera y sierras

28x34x16 cm



ACOPIO

2011

Escayola, tejido, alfileres.

Medidas variables



EVOCÁNDOTE

2011

Bronce y grafito

Medidas variables



STICKY WALL

2011

Adoquines de caramelo

Medidas variables



Premio de A.A.C.A Artista Joven 2012 por la exposición Sobre la superficie.








 < Pasamanos.html
    >Found_scenes.html