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TEORÍA DE LA RELATIVIDAD



1915-2015, una relectura del siglo, Festival Symphonos, Centro Cultural Conde Duque, Madrid.

16/04/15 - 19/04/15



“[…] la esencia del proceso de la represión no consiste en cancelar, en aniquilar una representación de la pulsión, sino en impedirle que devenga consciente”

Sigmund Freud. Lo inconsciente. 1915


En 1915 Albert Eistein terminó de desarrollar la Teoría General de la Relatividad, basada en el Principio de equivalencia, que describe la aceleración y la gravedad como aspectos distintos de la misma realidad, la noción de la curvatura del espacio-tiempo y el principio de covariancia generalizado.

100 años después, el papel timbrado del Boletín Oficial de Estado, la superficie sobre la que imprimimos los textos legales que organizan nuestra vida en común, lleva en su edición de 24 de febrero de 2015, la regulación de la asignatura de religión católica en el sistema público de educación.

Una frase, expresada en términos de objetivo curricular, nos llama poderosamente la atención: “Reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí mismo la felicidad”.

La obra es una aproximación a la catarata de significados que nos produce esta declaración de intenciones. La presentación de una dialéctica sutil que funciona sola. De una parte, la Teoría de la Relatividad que Einstein consagrara hace un siglo, símbolo de la ciencia pura, dónde el principio de covarianza general (o principio de relatividad) afirma que las leyes o ecuaciones fundamentales de la física deben tener la misma forma para cualquier observador sea cual sea el estado de movimiento de éste. De otra, el BOE fechado en 2015 y la frase sobre la felicidad, dirigida a escolares de 2º curso de religión, con una profunda carga ética en su significado.

Se contraponen ambos mensajes transmutando la naturaleza de los canales, el papel del Boletín Oficial del Estado impreso en una plancha metálica, apostilla la rigidez del peso del mensaje para las generaciones futuras. Una plancha que además refleja el rostro del espectador, provocando un recorrido entre su propia identidad y el axioma espiritual, que resulta inevitable volver a leer “Reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí mismo la felicidad”. En el otro lado, un humilde sello de caucho, es todo el homenaje que merece el centenario de una de las mayores conquistas de la ciencia moderna. Es la unidad mínima de veracidad, el sello como sinónimo de acreditación.





TEORÍA DE LA RELATIVIDAD

2015

Aluminio grabado en láser, sello de caucho, papel estampado

50x70x80 cm ed 1/3






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