Aproximaciones a 15 años de coherencia. Adonay Bermúdez [2019]

 

Para la filósofa Celia Amorós, «conceptualizar es politizar», una práctica que en el caso de Gema Rupérez se formaliza a través de una mirada consciente de confrontación para visibilizar los mecanismos en relación al biopoder y sus sistemas de representación. [1]

Así de contundente se muestra Blanca de la Torre a la hora de abordar la práctica artística de Gema Rupérez, y razón no le falta. Una vez se indaga en la obra de nuestra artista, se descubre que dinamita el planteamiento de obediencia como elección intrínseca y los dispositivos de sometimiento ideológicos; además, cuestiona la legitimidad de los discursos falocéntricos y anacrónicos y edifica marcos de referencia que facilitan la creación de pensamientos críticos e inconformistas. Rupérez exhibe, el público piensa y, con suerte, actúa.

Sí, creo que no puedo evitar moverme en estos márgenes inestables que nos ayudan a entender los límites. Creo que a veces necesitamos salir de lo establecido y ver más allá, puesto que estamos acostumbrados a calificar como la única realidad las convenciones que nos rodean. [2]

Rupérez no solo es consciente, sino que nos obliga a ser conscientes de la realidad. En la actual situación de crispación social, es indispensable ratificar la vigencia y la necesidad política de construir discursos que, como mínimo, generen un sarpullido intelectual. En ese sentido y desde los inicios, la artista ha sido coherente. Si analizamos los comienzos de nuestra autora, nos percatamos de que en sus primeras producciones priman las escenas intimistas con personajes femeninos que están emplazados en situaciones incómodas. Si bien corresponde a un trabajo preliminar encabezado por dibujos y pinturas que ya no la representa, lo cierto es que se localizan elementos que con los años ha reiterado. Rupérez poco a poco irá abandonando la bidimensionalidad y el yo como epicentro narrativo para abrazar la tridimensionalidad y cuestiones de interés y preocupación global.

Nacida en Zaragoza en 1982 y licenciada en Bellas Artes por la Facultad de San Carlos (Valencia, 2000-2005), Gema Rupérez completa su formación en la Accademia di Belle Arti di Urbino a través de una beca Erasmus. Esta estancia en Italia es fundamental para poder comprender su discurso: Trabajo desde lo cotidiano, y los objetos son el punto de unión entre la obra y la realidad. Cuando estudié en Italia descubrí por primera vez en una pieza de Arte Povera que una obra podía estar viva, y me fascinó. Desde entonces me apasiona esa materialidad de la que hablas. [3] Rupérez hereda el mestizaje de dispositivos de uso diario, pero le aporta una carga más crítica y no tan lírica o simbólica, atrapando la esencia del material y transportándolo al siglo xxi. Su objetivo no es el de discurrir sobre los propios materiales, como bien hicieron los artistas italianos, sino que se aprovecha de ellos como estrategia comunicativa. Recurre a un lenguaje cercano y conocido por el público, lo que le permite maximizar su mensaje y convertirlo en un disparo directo y certero: son objetos que están vivos porque son capaces de entablar una conversación con el espectador. Es entonces cuando nos percatamos del gran interés que tiene la artista por los procesos de emisión y recepción de información:

La imposibilidad de comunicarse es el tema que la artista explora; tan ligado al deseo de ostentar el poder, da igual de qué tipo, político o patriarcal. Motivo por el cual Gema Rupérez los conjuga al unísono. [4]

El pluralismo objetual proporcionado por Rupérez nos adentra en una línea alejada de la práctica escultórica tradicional y, sin embargo, en consonancia con la instalación, permitiéndole explorar ciertos materiales y composiciones, y empujándole a ser fiel a los paradigmas y posibilidades del assemblage. Exhibe propuestas residuales o acumulativas atiborradas de cotidianidad, como es el caso del insistente empleo de las sillas (Escenas de Apolo y Dafne, 2010; Las sillas, 2013; El nido, 2014), de las ligaduras (One way, 2012; ¿Adónde vamos?, 2017), de las velas (Castigo, 2011; 180 horas de tensión, 2013) o de la comida, ya sea en forma de pan (Pan para hoy, 2014), de caramelo (Sticky wall corner, 2014) o de lentejas (Lens Culinaris, 2013). Asimismo, es habitual descubrir cómo acude a otros elementos de uso corriente, como camisas, carbón, dinero, periódicos, palas o globos.

Lo realmente interesante de la artista no es únicamente la aplicación que hace de toda esta procesión de objetos, sino cómo presenta un contraste entre estéticas confortables y discursos implacables, como una eterna confrontación que repite una y otra vez. Se mueve entre planteamientos antagónicos: público y privado, hostilidad e intimidad, presencia y ausencia, abundancia y austeridad, dureza y suavidad, y es precisamente ahí donde se halla el sello propio de Gema Rupérez. Un claro ejemplo de ello se encuentra en Pasamanos (2011), presentada en la XVIII Bienal de Arte de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), la cual fue premiada y adquirida por la propia bienal. La pieza está compuesta por una barandilla de madera de la que Rupérez, a través de un martillo y un cincel, levanta lascas, conforma un pasamano espinoso y cortante y, de esta manera, impide que se lleve a cabo su función primigenia: deslizar la mano. La artista rompe con la sensación de confort y seguridad del objeto, y lo convierte en agresivo y peligroso, concibiendo así una nueva lectura que desconcierta al espectador.

En esta misma línea, y nuevamente en el país latinoamericano, expone One way (2012), un pasillo ficticio construido con tabiques imaginarios que hablaba de la distancia entre lo público y lo privado y de nuestro contradictorio deseo de estabilidad y de inseguridad. Solo adquiría sentido cuando el espectador transitaba por él y lo realizó en la Kiosko Galería boliviana. [5] La instalación, ejecutada con veinticuatro trenzas de cable de acero colgadas del techo, transmite sensaciones disímiles según la distancia a la que se encuentre el espectador: desde lejos aporta calidez y ternura y, una vez dentro, las emociones se tornan en agobio y violencia.

La participación del público se configura como uno de los propósitos fundamentales de Gema Rupérez. No le interesan los sujetos pasivos, sino que, por el contrario, busca una reacción por parte de los asistentes, procura que formen parte de la experiencia artística y que, de paso, activen la propia obra de arte. Con One way es ineludible que las personas caminen por su interior; pero no consiste en la única pieza de su producción artística que gravita en torno a la intervención. Eso mismo también se percibe en Esquamose (2014), mostrada dentro de unaexposición colectiva en el Museo MADRE de Nápoles y compuesta por una cabina con un acceso habilitado y llena de pañuelos de celulosa para visibilizar la violencia de género en Italia, o Be a Hero (2016), donde instala una máquina expendedora, sustituye los snacks y refrescos por antifaces plateados y los exhibe para que puedan ser adquiridos por el público, con el propósito de reflexionar sobre el concepto de heroicidad. Pero sin lugar a dudas, en cuanto a interacción se refiere, una de las más relevantes es Missed call (2017-2018), una obra donde publica fragmentos de poemas escritos por mujeres en la sección de contactos de periódicos. El anuncio va asociado a un número de teléfono al que los clientes llaman para contratar los servicios de la falsa prostituta. Uno de los aspectos más atractivos es que tanto el putero, al realizar la llamada, como los asistentes, al reaccionar ante la posible llamada, están confeccionando la propia obra de arte.

Con asiduidad Rupérez erige espacios para la reflexión que posteriormente se convierten en situaciones incómodas entre el que domina y el dominado, que por norma general corresponde al propio espectador. Toda esa sucesión de confrontaciones se ven materializadas en Conversaciones, una serie iniciada en 2015, aunque lo cierto es con anterioridad se pueden distinguir dos obras que perfectamente podríamos considerar como precedentes: Índice de flotación (2013) y El nido (2014). En la primera recurre a dos flotadores de diferente material, uno de cemento y otro de pan, que carecen de la posibilidad de llevar a cabo su función de salvavidas. En cuanto a El nido, decide situar dos sillas enfrentadas con un alabastro en medio para dialogar sobre el acceso al agua, una obra de grandes dimensiones que adquirió el Centro Ambiental del Ebro (Zaragoza) y que actualmente exhibe de manera permanente en una de sus salas. Tanto en estas dos propuestas como en la propia Conversaciones en sí, Gema Rupérez se sirve de dos objetos iguales o muy similares con los que fuerza que se establezca un debate y, por consiguiente, una tensión, permitiéndole discernir sobre el poder y la incapacidad de comunicarnos. Dentro de esa serie se descubren cuatro piezas básicas: In albis (2015), donde dos columnas de papeles vuelan y chocan entre sí y con la que la artista ha recibido el accésit del XXVII Premio de Arte Santa Isabel de Portugal; Lapsus linguae (2015), en la que dos altavoces situados de espaldas y taponados con una bolsa poco a poco van rompiendo el impedimento y permitiendo que entendamos el audio que reproducen; Espacio personal (2017), donde dos globos rosas se van inflando dentro de un habitáculo estrecho hasta que uno de ellos estalla; y Centrípeto/Centrífugo (2018), en la que dos aros colisionan, conformando líneas en la arena. Pese a que las luchas de poder y los procesos de (in)comunicación son el pilar fundamental de Conversaciones, lo cierto es que hacen acto de presencia otras preocupaciones de la artista, como los conceptos de frontera, desigualdad o supremacía.

Continuando con esta misma idea, se descubre Lucha de relatos (2017), en la que dos libros, uno escrito por Adam Smith y otro de Karl Marx, tropiezan una y otra vez.

[…] el tema de la relación problemática entre identidad y alteridad se representa a través de una lucha entre las «verdades» contenidas en los libros. […] cabe recordar que la historia humana más reciente ha sido dramáticamente protagonizada también por la contraposición de doctrinas laicas (filosóficas, económicas y políticas) antitéticas, que la artista sintetiza a través de un choque mecánico (y mecanicista) entre las teorías de Karl Marx y Adam Smith, los dos patriarcas filosóficos de las ideologías comunista y capitalista. [6]

Lucha de relatos es presentada en 2017 en la Galería A de Arte de Zaragoza dentro de la exposición Hegemonía, seguramente una de las muestras individuales más significativas de nuestra artista. Pese a que, como se ha podido apreciar, Rupérez siempre se ha posicionado en los lares del compromiso social, es en este momento cuando radicaliza su mensaje y se despoja de estéticas más sutiles para embarcarse en soluciones más directas y combativas. Destaca, indiscutiblemente, ¿Adónde vamos? (2017), una arquitectura efímera ejecutada con cinchas que han sido intervenidas por una refugiada siria. La joven, cuya identidad se desconoce, escribe con caligrafía árabe la fábula de La rana y el escorpión, historia que le sirve a la artista para representar a la clase dominante como el maligno escorpión cuya naturaleza, alimentada durante siglos, consiste en engañar y aprovecharse de los demás. Asimismo, Hegemonía sobresale también por el insistente empleo del lenguaje: A Lucha de relatos y a ¿Adónde vamos? se anexan otras como Democracy (2017) y Europa (tríptico: piedra, papel y tijera) (2017). Aunque no es nada nuevo, la inclusión de palabras o frases ya forma parte de los recursos frecuentes de Rupérez, especialmente desde su exposición Ausencia convocada en 2013. Eso sí, la práctica lingüística –y semántica– se ha multiplicado substancialmente en los últimos dos años; además, disminuye la cantidad de letras y aumenta su tamaño, generando una especie de eslogan publicitario con el que incidir de manera rotunda en el espectador.

En un texto publicado por la Free Society Forum de Illinois en 1940, Emma Goldman sentencia: Se necesita cierto ideal para despertar al hombre de la inercia y rutina de su existencia, y convertir al sumiso esclavo en una figura heroica. [7] En este sentido, Gema Rupérez tiene ideales suficientes para despertar no solo al hombre, sino a la población entera. Además, tiene valor y valores, respeto, coherencia y dignidad.

Tiene control y verdad, sin jamás dar un paso en falso.

Tiene ambición y sensatez. Tiene matices.

Martí Manen: Matices. ¿Están los matices en las obras o en la aproximación a ellas? ¿Y la poética?

Gema Rupérez: Lo veo como una dualidad, los matices o la poética están intrínsecos en la naturaleza de las obras ya que nacen de una intención y aspiran a ser una distorsión lírica de la realidad, pero al mismo tiempo se necesitan distancias cortas, un usuario con cierta predisposición que lo reconozca y lo desvele a través de una negociación íntima. En la colisión de ambas lógicas (obra-artista versus aproximación-espectador) es donde la poética adquiere su máximo significado. [8]

[1]. Blanca DE LA TORRE: Gema Rupérez. Missed Call. Texto de la exposición Missed Call. Espacio Dörffi, Lanzarote, 2018.

[2]. Anna ADELL: Gema Rupérez, anhelo de supervivencia. Le Bastart [en línea], 2018. http://lebastart.com/2018/02/gema-ruperez-anhelo-de-supervivencia/

[3]. María José MAGAÑA: Entrevista a Gema Rupérez. M-arte y cultura visual [en línea], 2014. http://www.m-arteyculturavisual.com/2014/03/27/entrevista-a-gema-ruperez-por-maria-jose-magana-clemente/

[4]. Chus TUDELILLA: Gema Rupérez. La función del arte. El Periódico de Aragón [en línea], 2017. https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/escenarios/gema-ruperez-funcion-arte_1241579.html

[5]. Isabel CRISTÓBAL: Gema Rupérez Alonso. Fichados. Revista masdearte.com [en línea], 2015. http://masdearte.com/especiales/gema-ruperez-alonso/

[6]. Nicola MARIANI: Sobrevivir a través del arte a la locura de nuestros tiempos (y los que vendrán). Texto de la exposición Hegemonía, de Gema Rupérez. Galería A de Arte, Zaragoza, 2017

[7]. Emma GOLDMAN: La palabra como arma. La Laguna/Madrid: Tierra de Fuego/La Malatesta, 2008, p. 46.

[8]. Martí MANEN y Gema RUPÉREZ: Un diálogo, una exposición, dos personas. Gema Rupérez Alonso en conversación con Martí Manen. Cuarte de Huerva: Gráficas Vela, 2016, p. 29.